viernes, 24 de abril de 2009

Il boccon divino: Los vinos del Marqués

Por F. PointMi poeta preferido es Groucho Marx, en serio. Muchas de sus líneas habrían sido consideradas, en un país como Grecia, muestras de un talento natural para la expresión en imágenes, que es lo que yo entiendo por poesía. Como en aquella oportunidad cuando Groucho, huyendo de la policía, se mete dentro de un pajar. Al ser descubierto, es interrogado: “Y Ud. qué hace allí? -Nada, señor policia, estoy buscando una aguja.”

En una revista leí que el poeta inglés Thomas Eliot, reconoció genio de Groucho para la poesía y lo invitó a su casa para manifestarle su admiración. Después de la cena, al segundo oporto, el vate le pidió a Marx que no lo siguiera llamando Mr. Eliot, sino Tom, a secas. A lo cual Groucho accedió con una sola condición, que también Eliot y su esposa lo llamaran a él “Tom”. Recuerdo esta salida mientras apuro una botella de VOLNAY “CHAMPANS” MARQUIS D’ANGERVILLE 2000, que me escancia el buen amigo Antonio Hernández en la barra de “L’Atelier” (rue Montalembert). “El padre era un individuo formidable, el viejo marqués, Jackie, lo conocí muy bien”, me dice Antonio cuando le hablo de haber conocido a Guillaume, el hijo, heredero del título y del Domaine. “A él también lo conozco, es un digno sucesor el padre”, concluye este “Maitre d’” legendario, no acostumbrado a prodigar elogios.
Recuerdo lo de Groucho porque, hace dos años, cuando conocí al nuevo marqués, fue en una ocasión donde todo era para ser recordado. Fue a mediados de octubre de 2007 durante una cena organizada por el abogado y coleccionista Andy Rawls, en “L’ami Louis”. Andy es un largo amigo de los D’Angerville y poseedor de una envidiable colección de “sus millésimes”. Después de despachar sendas botellas de “Salon” 1990, comenzó el pantagruélico desfile de platos típicos de este super bistrot, cuyos principales atributos son la frescura y las cantidades desorbitadas. Pasamos del foie-gars frío con pan tostado a los caracoles más grandes de la tierra y a las ancas de rana, tan largas, finas y, seguramente, apetitosas como las de Rita Hayworth, todo bañado en litros de mantequilla y acompañados con kilos del más perfumado ajo. Para acompañar estos “antipasti”, una jugosa y aromática mágnum de Trimbach “Cuvée Fredéric Emile” 1998, con todo el alcohol necesario para adormecer nuestra racionalidad y entregarnos al ejercicio de la más irresponsable gula. Enseguida llegó la “poulet” de Bresse, simplemente al horno con ajos en su perfumada cavidad; la pierna de cordero de Pauillac, perfectamente cocida en horno de leña; varias piezas de confit; dos riñones a la crema, para terminar con un gigantesco “côte de boeuf” con su mantequilla preparada y el pastel de papas en aceite de foie. Debo decir que no éramos pocos: dos D’Angerville, dos Rawls, dos amigos de Nueva Cork y este cronista, siete en total, lo que explica, en parte, la largueza del banquete. A partir del blanco de Trimbach, todos los vinos fueron tintos, todos Volnay y todos D’Angerville en mágnum: TALLEPIEDS 1995; CLOS DES DUCS 1999 y CHAMPANS 2001. Todos los sabores, divinamente brutales, de los benditos fogones de L’AMI LOUIS, cedieron, como el león del cuento, ante la versatilidad del Volnay. Un vino que es sinónimo de “finesse” y elegancia, una especie de Chateau Lafite bourguiñón, pero que en el año justo y las manos indicadas, como las de los D’Angerville, resulta en un caldo que puede sorprender por su concentración aromática y sus taninos a punto para resistir la selección de platos de Louis, no el fundador, sino el actual propietario, tan rollizo como el primero. Después de los quesos y las exóticas frutas, el marqués pidió una botella de su Marc de Burgogne, para darle una mano a nuestro comprometido tracto gastro-intestinal. A la segunda copita de Marc, el hijo del mítico Jackie D’Angerville, me dice: “No me sigas diciendo marqués, llámame Guillaume”. Le digo: “Con una condición, que tú también me llames a mí Guillaume.” Y, con una sonrisa, sirvió la tercera copita de Marc de Bourgogne, en el cual todos los participantes ciframos las esperanzas para llegar vivos hasta la mañana siguiente.